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1. Introducción. Presentación del tema.
Después de muchos años de observación y gracias al apasionante incentivo de realizar este trabajo acerca del lugar donde habitamos y la búsqueda del si mismo, puedo unir en mi interior dos apasionantes caminos que me acompañaron desde siempre, uno responde a la pregunta ¿quien soy?, y aunque parezca mentira, hace poco tiempo estoy profundizando, después de un largo sueño provocado por las crisis de la vida que no me permitían despertar. El segundo se relaciona con la búsqueda del espacio apto para ser uno mismo, o quizás, ser feliz, estos dos caminos unen mis dos grandes torrentes de expresión, la arquitectura y la espiritualidad.
Este trabajo está relacionado con mi experiencia ante la descripción realizada por Carl Jung en su libro Recuerdos, sueños y pensamientos, de su casa construida en Bollingen, inspirada en gran medida por sueños, en los que asomaba su inconciente.
Es muy impactante ese sueño en el que describe el descenso a un sótano donde aparecen figuras que se van refiriendo a lo mítico, a lo ancestral, a lo primitivo, y a medida que desciende todo es más oscuro y profundo.
Recuerdo en mi casa de la infancia un altillo, que convertíamos en maravillosos barcos, aviones de guerra y hasta un submarino en una oportunidad, o en aulas de una escuela muy especial donde las amiguitas del barrio eran las maestras o algunas veces las doctoras de un hospital también muy especial.
Conservando la frescura de estos recuerdos es que me interesa sondear en los espacios donde una persona puede ser feliz, por ejemplo, para los niños esos sitios tienen que ver con la escala apropiada a sus medidas, por ejemplo techos bajos, espacios reducidos, con el misterio de la penumbra, nunca la oscuridad.
Es prácticamente imposible encontrar una respuesta a esta propuesta planteada en el inicio, de un espacio o habitat que represente al uno mismo, entendiendo uno mismo , al yo conciente y al inconciente, pero es apasionante para mi explorar ya que estoy convencido que debe responder a un mandato mucho mas fuerte que aquel que dice que “en la vida hay que plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo”; yo creo mas bien que” en la vida hay que crear un espacio propio”.
Para describir lo que significa un espacio propio, se podría decir que es un lugar elegido o creado que nos permita sentirnos en nuestro centro, podría ser un lugar en el campo, o en la montaña, en el mar, a orillas de un río, en un bosque o quizás en un desierto, o en la ciudad. En la Biblia hay muchos pasajes donde los hombres se retiran a meditar, a encontrarse con uno mismo o con Dios. En la vida moderna se está haciendo muy difícil encontrar sitios que permitan ese encuentro íntimo. Es muy común leer en los suplementos de turismo los paquetes para encontrarse con el placer, los masajes, los spa, los cruceros lujosos, los hoteles cinco estrellas.. Pero no es común paquetes que inviten al encuentro con uno mismo, esos sitios se deben encontrar o crear por propia motivación y creatividad.
En mi ejercicio de la profesión de arquitecto, he experimentado muchos encuentros con familias que quieren construir su casa, ya sea la casa principal o en algunos casos la casa de fin de semana, y siempre existe una búsqueda que en muchos casos no fue lograda, fundamentalmente cuando alguno de los integrantes del grupo familiar tenía una idea prefijada. Esto obligaba al resto a aceptar la idea, por varios motivos, uno por comodidad, otro por no saber bien lo que uno quiere y otro por no enfrentarse al resto. Siempre fue mucho más rica la búsqueda cuando se podía sondear en la historia familiar, en los anhelos, en los sueños.
Recuerdo un caso de una amiga de mi madre que me pidió refaccionar la casa que había sido de sus padres, ellos eran de origen Griego y la casa era muy vieja y sencilla, la casa no quedó linda, ya que su sentido de la estética estaba influenciada por una costumbre de recargar las cosas mas de lo deseado, pero ella fue muy feliz allí, especialmente por un lugar que me pidió que era donde el padre tenía un taller, que dejamos el piso de tierra aunque la construcción era de primera calidad, y allí ella hacía sus tareas de cerámica, artesanías, etc.
También recuerdo la casa de un ingeniero que trabajaba en su casa muchas horas cuando salía de la fábrica en la que era director, y me pidió un estudio pero que en realidad tenía que ser un altillo, donde podía acceder con alguna persona de afuera y no molestar al resto de la familia, o estar allí sin tener que salir de su casa, y generando una doble altura en el acceso a la casa logré el espacio con una interesante escalera caracol desde el hall de acceso a un altillo ubicado entre las cabriadas del techo, después de varios años me invitó a su casa y me hizo subir a su estudio, el que había decorado con sus cartas de navegación, ya que es amante de la navegación a vela y fotos de su familia, y me dijo, la verdad que en este lugar soy muy feliz.
Esta monografía llamada el espacio habitado y el encuentro del si mismo, intenta realizar un paralelo entre los distintos momentos de la construcción de la propia casa, inspirado en la experiencia de Carl Jung en su casa construída por él mismo en Bollingen, y el encuentro con el sí mismo.
2. La elección del lugar donde vivir
Cuando Jung encontró el sitio donde luego construyó la casa, percibió que ese sería el lugar donde la construiría, junto al lago de Zurich, un lugar que siempre le había fascinado y en el año 1922 compró un terreno en Bollingen, en la región de San Mainrad, lugar de templos que perteneció anteriormente al monasterio de Saint Gall.
Es muy importante el lugar, sitio, ubicación, donde vamos a construir nuestra casa, fundamentalmente debe haber una elección que tenga una complicidad con nuestra historia o con nuestros anhelos, y si no tenemos ocasión de elegir porque las ciudades no presentan un contacto con la naturaleza tan cercano como las afueras, debemos .interiorizarnos del barrio, su historia, sus antiguos vecinos, sus características.
El regreso a casa es un trayecto de placer, de pasar por hitos que nos preparan para llegar, a nuestro lugar. La salida de nuestro lugar también es un ritual donde dejamos nuestro interior para salir al afuera. Conozco circunstancialmente muchas personas religiosas, que tienen como norma de convivencia, saludar la imagen de la Virgen o el Santísimo, cuando lo tienen en la vivienda, al entrar y al salir de la misma. Esa práctica hace que uno se prepare para llegar como para salir y también para dar a la vivienda un sentido de santuario, o mas bien un sentido de nido, de templo, donde se genera vida día a día.
En cuanto al si mismo, el lugar es esencial para respirar un aire propio, pero se corre un serio peligro de no generar en ese espacio una introspección que nos ayude a buscar permanentemente dentro nuestro, quien soy, hay comportamientos sociales que nos da el lugar, costumbres que nos cuesta mucho transformar, y me animo a decir que si el lugar donde vivimos no nos permite la esencial trascendencia que requiere nuestro ser, debemos pensar en cambiarlo, porque los comportamientos sociales a veces nos dominan. Tengo la certeza que el sitio elegido para vivir tiene una esencia adquirida por el tiempo y la vida de las personas transcurrida allí. Nuestros hermanos mayores, los minerales, la tierra, el aire y el agua, poseen una memoria molecular que permanece para siempre, de allí que cuando estás en un lugar determinado podes sentir satisfacción como rechazo. Por lo tanto cuando elijas un sitio, o una casa ya construida para comprar debes pensar en esto, ya que los muros son mineral y por lo tanto tienen algo que decirnos.
Este punto de partida es muy importante para poder volar en tu propia casa.
3. La disposición de los ambientes
Cuando Jung comienza la construcción de su casa en Bollingen, relata que tenía la necesidad primero de sentir protección, ya que la concibió como una caverna primitiva donde el fuego estaba ubicado en un lugar central, en forma de torreón circular y las habitaciones contra los muros en el perímetro. Luego fue realizando modificaciones y ampliaciones que fueron ajustando sus necesidades para vivir y crear allí su más prolífica obra literaria y científica.
Es muy importante descubrir cual es el sitio mas importante de la casa, para definir esto hay que ser muy sincero con uno mismo y con el grupo familiar, y luego establecer pautas de cómo nos gustaría vivir, o mejor dicho, como vamos a vivir, ya que el espacio habitado condiciona nuestras costumbres y nos permite ser felices o nos lo impide, entre otras cosas.
Evidentemente que las personas normales delegan esta tarea en un arquitecto o en un decorador o en un constructor, y eso no siempre es saludable si no manifestamos nuestras experiencias de la niñez, los recuerdos de las casas de nuestros abuelos, los árboles amados, los patios, las chimeneas, las galerías, los altillos, los sótanos, los depósitos o galponcitos del fondo, las parras, los pisos calcáreos….. Son sensaciones que están grabadas en nuestra memoria, olores que impregnaron nuestro olfato, texturas que rozaron nuestra piel, colores que penetraron nuestra retina, sonidos que acariciaron nuestros oídos.
Para poder descubrir estas cosas es necesario recurrir a la meditación, es en el único estado en el que se puede percibir con nitidez estas experiencias, otro pueden ser los sueños, pero es mas difícil rescatarlos sin momentos de meditación intensos.
Cuando hemos traído a la actualidad esa carga contextual que nos pertenece solamente a cada uno de nosotros, estamos encontrando dos cosas, por un lado el si mismo, y por el otro el partido arquitectónico, que es la respuesta creativa a nuestra necesidad profunda.
Estamos cerca de comenzar la construcción de nuestra propia casa, trataremos de planificar desde lo teórico para que no nos suceda lo que le ocurrió a Jung, que fue agregando partes a medida que descubría nuevas necesidades, pero tampoco perdamos en este camino la espontaneidad y la creatividad, que no son estáticas, se potencian con las circunstancias de la vida.
En primer lugar yo dividiría la vivienda en cuatro sectores fundamentales:
- 1. El sector público o social.
- 2. El sector privado o íntimo
- 3. El sector de servicios.
- 4. Y a mi me gustaría agregar un sector que no se incluye en estos anteriores y es el ultra intimo, o refugio, o atelier, o escritorio, o biblioteca, o taller, donde se puede estar solo, totalmente solo, donde se puede disponer de los muros, pisos, techo, para dar a ese espacio el carácter netamente propio. Si los integrantes de la familia son varios, puede haber acuerdos para compartirlo, pero sería apropiado que cada uno tenga el suyo.
El sector público o social. Este espacio debe responder a las actividades con los otros, está vinculado con el acceso principal a la casa y tiene la particularidad de estar preparado para recibir visitas como para compartir actividades con el grupo familiar.
Jung puso en este lugar el hogar, ya que consideraba que el fuego era prioridad en las primeras culturas y era el combustible para cualquier actividad cercana a la vida de los hombres, especialmente porque él no dispuso la colocación de energía eléctrica, en un primer momento, para imitar las experiencias de las primeras culturas, y se sometió a actividades como buscar leña, encender fuego, iluminar con velas, cocinar con el fuego, etc. Por lo tanto esta búsqueda de lo primitivo, aunque no la llevemos a ese extremo, nos conecta con nuestros antepasados y con lo primitivo. Creo que este espacio debe ser cómodo para distenderse, con artefactos y muebles que sean cómodos y no demasiado delicados para permitir por ejemplo sentarse en el piso, encender el fuego sin que se deterioren las cosas, comer informalmente sin que nos preocupe el desorden momentáneo, es muy normal colocar aquí los muebles mas finos y caros para que los vea quien nos visita y por lo tanto adjuntamos a los muebles un instructivo de reglas de buen comportamiento para que no se deterioren con el uso, creo que debemos recibir a nuestros amigos con el corazón abierto, o sea, permitir al otro entrar en nuestro interior sin dificultad.
También creo muy positivo decorar ese espacio con nuestras medallas, en la guerra como en el deporte se entrega una medalla a los vencedores y esas medallas son parte de nosotros mismos, como nuestros antepasados son parte de nosotros mismos. Me parece mucho mas interesante tener a mis bisabuelos en el estar que en el dormitorio, donde quizás es necesario otro tipo de compañía a la hora de compartir la soledad con nuestro ser amado. En cambio en el estar, donde nos encontramos con nuestros amigos, o donde nos reunimos con los seres queridos para las reuniones familiares, es muy contenedor tener a nuestros ancestros, en fotografías o cuadros que los representen y así mostrar no solamente nuestra persona sino también nuestra historia. Como también exponer aquí nuestras obras de arte, pinturas, esculturas, escritos, etc, esas obras que estén en condiciones de ser expuestas, porque habrá algunas que son para nuestro disfrute personal o para nuestra vergüenza y no están en condiciones de ser mostradas.
También es muy importante la elección de los muebles, ya que estos dan a los espacios características que nos pueden representar, en cuanto a los estilos, a la antigüedad o modernidad, en cuanto a la pertenencia de algún poseedor anterior, o simplemente a unos muebles rústicos o de mampostería que cumplan con la función indispensable para lo cual fueron creados.
Si debo hacer un paralelo aquí con el si mismo, diría que nuestra psiquis , según manifiesta Jung, no solo es el alma sino la totalidad de los procesos psiquicos, tanto de la conciencia como del inconsciente, en ambos tiene su participación el YO.
Cuando aludimos a estos aspectos de nuestro habitad, y la búsqueda del si mismo, creo que podemos comparar los espacios de la casa con nuestra psiquis, y hay espacios marcados por la conciencia, donde la carga fundamental está en los aspectos funcionales y sociales, y otra escondida en esta que contempla los aspectos marcados por el inconciente, donde todo es mas impredecible, donde las sensaciones, la intuición, la percepción están invocados por sobre la razón. Creo que es muy motivador generar espacios con la presencia de estas facetas de nuestro ser para que no sean impersonales sino parte de nosotros mismos. Coincido plenamente con Jung en cuanto a la presencia en el estar de un hogar a leña, este ambiente se caldea con el fuego y permite que las personas presentes saquen se su interior sentimientos que el fuego es capaz de invocar. Por ejemplo el fuego a leña provoca ruido y entonces atrae la atención del oído, provoca luz y atrae la vista, provoca calor y atrae el tacto o el olfato con el perfume de la leña utilizada, es muy difícil que el televisor comparta este protagonismo con un contrincante tan poderoso. Del mismo modo, creo que los libros deben cubrir alguna pared de este ambiente, allí se ubican ellos con sus historias, sus verdades, sus misterios, en una biblioteca accesible que permita verlos, tocarlos, leerlos, releerlos, y que ellos también nos vean a nosotros y nos pasen su sabiduría por una especie de ósmosis que solo los libros pueden provocar. La sensación de mirar los lomos de los libros de la biblioteca y sentir la satisfacción de tenerlos allí, acompañándonos, no te pierdas esa sensación.
Esta sensación se repite con los vinos, con las pipas, con los cuchillos, con los cuadros de colección, y alguna otra pasión manía coleccionable.
En el estar es donde suceden las cosas trascendentes de la vida, yo recuerdo varias situaciones muy importantes de mi vida , conversaciones cruciales, mensajes, consejos, noticias, visitas, que se manifestaron en el estar y está bien que sea así, ya que lo considero el lugar principal. Por lo tanto debemos usarlo, brindarle horas de nuestra vida y de nuestro encuentro cotidiano, es muy triste llegar a una casa que tiene el estar inmaculado, con muebles enfundados, oscuros y cuando entramos, nos hacen pasar a la cocina, para estar más cómodos.
Me gustan las casas que cuando entras te invitan a sentarte en el sillón principal que tiene un libro abierto junto a la mesa y la luz de leer encendida, porque recién ha sido utilizada.
El sector privado o íntimo. Aquí es donde nos recluimos a descansar, donde dejamos nuestras armaduras y nos desvestimos, donde nos miramos, donde nos armamos para salir, donde nos encontramos con nuestra mujer o con nuestro varón, donde compartimos el diálogo en voz baja, donde contamos nuestras derrotas, donde pedimos ayuda, donde recitamos poesías, donde acariciamos y nos acarician, donde hacemos el amor, donde rezamos, donde lloramos, y donde hacemos nuestro último propósito antes de salir a escena.
Todas estas sensaciones se sienten en nuestro lugar íntimo, que está circunscripto a nuestro dormitorio o alcoba, con los baños aledaños y el vestidor. Para ser muy amplio en esta descripción debo decir que importa mas que la forma o disposición del espacio, lo que ese espacio contenga, por ejemplo la cama, este es un símbolo elegido donde entregamos toda nuestra vulnerabilidad, ya que allí estamos dormidos, indefensos, y por otro lado es donde debemos ser los amantes, que en forma silenciosa almacena las batallas que con el paso de los años vamos atesorando. Aquí por su puesto estoy enfocando las apreciaciones hacia una vida matrimonial, que es evidentemente la que conozco, pero también es interesante describir el ámbito necesario para los jóvenes solteros, hijos adolescentes, niños, o ancianos. Por ejemplo para los niños el lugar de descanso debe contener la compañía de sus afectos como el juguete preferido, las imágenes que lo tranquilizan, los colores que lo contengan, no estoy de acuerdo con decorar los cuartos de los niños como una sala de juegos, ya que esa actividad no debe realizarse en el cuarto sino en el parque o patio o sala para jugar, el dormitorio es para dormir, quizás leer cuentos, pero debe invitar a estar en reposo.
Los dormitorios de adolescentes ya comienzan a tener otras prioridades como por ejemplo la computadora o escritorio, podría decir que tienen similitud con la de los ancianos, pero la decoración debe ser realizada por el ocupante, en forma personalizada.
Los dormitorios soñados son grandes, con ventanas que permitan entrar el sol por la mañana, con una cama muy cómoda y una buena luz para leer. Debe ser fresco en verano y cálido en invierno, debe tener espejos, pisos nobles, música, fragancias, luces que permitan invocar lo romántico.
Es muy bueno contar con un estar íntimo para que el romanticismo pueda elaborarse con mas eficacia, un sitio donde podamos relajarnos antes de pasar al dormitorio, donde podamos estar solos mirando una película, leyendo, o tomando una copa. Este lugar puede también ser una terraza, puede tener una fuente de agua cristalina con cascada para agregar sonido y frescura.
Estos espacios de la casa son muy importantes en la búsqueda del si mismo, por el encuentro con el otro de la pareja acentuamos nuestro Yo, lo fortalecemos, lo ponemos a prueba.
Cuando uno cierra la puerta del cuarto debería quedar en contacto con el si mismo, para compartir con la pareja o para estar en soledad. Y si debo pensar en el espacio apropiado me imagino colores suaves y claros, techos bajos, pisos nobles, muros lisos, limpios, macizos, puertas robustas con buena cerradura, las ventanas serán para el día ya que la noche es para protegerse, es agradable mirar las estrellas, pero a la hora de cerrar los párpados se debe poder cerrar la ventana. También me parece muy bueno tener sobre la cabecera de la cama un signo de altísimo valor protector como el crucifijo o también una imagen que nos dé luz mientras dormimos, ya que en ese lapso de tiempo se producen los mayores avances en la búsqueda del si mismo que está guardado en el inconciente.
El sector de servicios. Estos ámbitos no son secundarios por ser de servicios, ya que en ellos realizamos tareas de trabajo hacia nuestra persona que son muchas veces vitales, por lo tanto para nada secundarios.
Está conformado por la cocina, el comedor, el lavadero, los baños generales, el garage, los vestidores o placards, los depósitos, las salas de máquinas.
Estos sitios nos vinculan con nuestros abuelos que vivían en viviendas donde se trabajaba mas y las tareas se realizaban en familia.
Por ejemplo la cocina debe ser un espacio de trabajo y de compartir ese trabajo, ya que cuenta con el valor agregado de los fascinantes olores que producen determinados alimentos, y la persona que cocina quiere compartir decisiones o estrategias para hacer la presentación de los platos.
Hasta si te toca cocinar solo, también hablas contigo mismo. O sea que es imprescindible un espacio amplio en lo posible, también me parece importante una mesada central que permita compartir la tarea de ambos lados, la iluminación debe ser cálida y directa sobre el plano de trabajo, la ventana debe dar buena luz, especialmente por la mañana y también es importante un pequeño sector para sentarse a desayunar o merendar cuando hay pocas personas, o pequeñas cenas o almuerzos íntimos con el plato recién preparado y retirado de la hornalla.
La cocina es una ocasión muy buena para buscar la creatividad, la preparación delicada de los alimentos y la compra de los mismos nos permite planificar momentos gratos y la cocina es un lugar inmejorable para crear lazos entre adultos y con los niños, que aprenden en la cocina el manejo de la alquimia, que transforma lo muerto en manjares vitales. El misterio de la Eucaristía está inspirado en la cocina, la transformación de los alimentos en manjares que nos dan la vida.
También es muy importante acompañar la cocina con una pequeña huerta, aunque sea en masetas, para extraer de la tierra los elementos que vamos a utilizar en nuestras recetas, esto nos permite relacionarnos con la tierra, con el sol, con el agua que conservan tan sabiamente las verduras, hortalizas, condimentos, frutos.
Es importante el color a utilizar en la cocina, que debe estar en la gama de los ocres del fuego, la madera tiene un diálogo muy intenso con el fuego y es por eso que comparten en la cocina una exquisita compañía.
No pienso caer en la tentación de hablar de decoración, ya que esta debe formar parte de nuestra creatividad, que invoca nuestros más profundos anhelos, solo estamos dando elementos que componen el partido arquitectónico, la esencia de una casa, las formas, las resoluciones que ese partido inspire son personales. Lo bello no solo está compuesto de lo estético sino también del equilibrio, del orden, de la coherencia, de la fortaleza, de la naturalidad, y eso sale de cada ser.
No podemos dejar de hablar de los sitios donde nuestras amadas mujeres trabajan día a día en la casa. Ellas merecen sitios honorable para realizar esas tareas que son de servicio, donde el amor queda escondido en el silencio y la repetición. Por ejemplo el lavadero, la sala de planchado, la sala de costura. Son tareas del día, del buen sol, de la protección del frío, del contacto con el rocío de la mañana y de la posibilidad de compartir algún mate.
Los baños, como sitio de relax y de descanso, nos remiten a la edad antigua, aunque no de la misma manera que los usamos ahora, simbolizan el relax íntimo, el baño recomponedor.
Me gustan las salas de baño, donde el espacio amplio permite acompañar las necesidades básicas con otras como lectura, escuchar música, hasta la posibilidad de contar con el lugar para tener un revistero o pequeña biblioteca ocasional. Los baños hoy reemplazan lugares de intimidad que las viviendas de hoy no tienen, pero no está de más dotarlos de ideas que los embellezcan y los hagan más confortables.
Estos lugares de la casa, cuando los imaginamos, debemos hacerlo con personas adentro, y allí nos daremos cuenta que no pueden ser mínimos, sino al contrario, la amplitud, la luminosidad, el orden, los beneficia. Es como nuestra psiquis, requiere un trabajo diario de mantenimiento que nos permita ver como estamos, y no puedo dejar de nombrar aquí la influencia Jungiana en mi vida al incorporar la meditación en mi plan de mantenimiento. Durante muchos años mi alimento espiritual estaba apuntalado en la lectura y en la oración, realizada de una manera un poco mecánica y veloz, pero la meditación no permite entrar libremente en nuestro interior y sacar a la superficie imágenes, recuerdos, anhelos, sueños; que son los lugares donde están guardados nuestros registros de lo que nos hace estar felices o angustiados. A veces nos sucede que no sabemos porqué estamos angustiados, y puede haber muchas causas por su puesto, pero sucede que esa angustia puede provenir de un indicador del inconciente que nos está señalando que algo de nuestra vida profunda no está siendo atendido, entonces hay realizar una tarea de mantenimiento, hay que ir a la cocina para preparar un té de hebras finas o un café o un mate espumoso y amargo, y mirando aquel árbol que ha crecido en nuestro jardín, o los pájaros que nos cantan por la mañana para avisarnos que ya están sucediendo cosas muy importantes y nos lo estamos perdiendo, o el hueco de sol que se está metiendo por un medianera, o los ruidos que comienzan a indicar que todo se está poniendo en movimiento, entonces comenzamos a trabajar en nuestra máquina interior. Estas son las tareas de mantenimiento para lo cual necesitamos que los espacios de servicios del alma deban estar preparados
También debemos hablar del taller o lugar donde se arreglan las cosas de la casa. Este lugar suele convertirse en el depósito donde acumulamos lo que no nos sirve pero no queremos dar. En mi casa materna, durante mi niñez pude disfrutar de este lugar que quedaba en la terraza y mi abuelo Martín, siempre estaba allí haciendo algún trabajo para la casa o para algún vecino que le pedía un favor. Pero con el tiempo me dí cuenta que allí releía las cartas que le había enviado su madre, ya muerta, desde España, y lloraba solo cuando nadie lo veía. El hacía su mantenimiento en ese cuartito, apartado del resto de la casa.
El sector ultra íntimo. Cuando me refiero a este sector de la casa debo reconocer que es muy difícil planearlo de antemano, porque los sitios tienen un tiempo de prueba y aprobación de nuestro yo interior, que suele ser caótico a la hora de entrar en nuestras planificaciones. Pero de todos modos hay que intentar crear este lugar para no utilizar otros con el fin que este requiere.
Para el encuentro de nuestro Si mismo, debemos estar en silencio, no necesariamente en soledad ya que a través de la meditación, podemos conectarnos con nuestro interior en compañía de otros que tengan el mismo propósito. Cuando entramos en cercanía de ese centro, sentimos la sensación de paz, de la alegría suprema, de la plenitud. Es un estado donde el cuerpo y el alma se confunden, los límites entre lo real y lo abstracto se hacen mínimos. Este estado no se obtiene siempre pero cuando lo logramos damos un paso adelante, trascendemos, nos transformamos.
En la casa debe haber un sitio que nos permita apartarnos de lo cotidiano, un espacio sagrado que permita el recogimiento, que nos permita ser respetados en nuestra interioridad e intimidad.
En este lugar podemos entrar pidiendo permiso a la divinidad, al Padre, a quien presida este lugar como patrono, y con la devoción que cada uno tenga. No hace falta que sea un ser superior, puede ser un ser que nos inspire a ser mejores personas, pero que el resto de los integrantes de la casa respeten por igual, para no violar ese acuerdo que implica respetar la interioridad del otro. Por ejemplo, aquel cuartito de mi abuelo Martín, seguramente estaba presidido por sus ancestros y cuando se recluía allí, volvía a su casa paterna y recuperaba su Patria, su nido, que había perdido con la inmigración. Estoy seguro que este es el lugar de la casa que si no lo proyectamos con anterioridad a la construcción, lo transformamos luego pero siempre hay un lugar nuestro, un lugar donde somos nosotros mismos.
Este lugar debe estar cerca del espacio público, permitiendo que podamos acceder con alguien de afuera de la casa y compartir un momento de meditación con un amigo. También es bueno que esté vinculado con el sector privado de la casa para visitarlo antes de acostarnos o al levantarnos. Me imagino un lugar alto en forma casi circular que también puede ser una biblioteca o escritorio con ventanas que permitan entrar el sol, con vistas a algún árbol o planta que sea importante para nosotros y algún tipo de ventana cenital que permita ver las estrellas y la luna en las noches a modo de observatorio. No debemos perdernos este privilegio de poder ver el cielo cuando meditamos ya que esto nos da la verdadera dimensión de nuestra grandeza y nos ayuda a meditar con un condimento indispensable, la ubicación.
Cuando encuentres un lugar en el mundo donde puedas crear, donde puedas rezar, donde puedas meditar, estás cerca de encontrarte con el si mismo, con tu propio centro, y allí vas a descubrir el potencial que tenemos sembrado, si ese lugar en el mundo está dentro de tu propia casa, estás cerca de ser feliz.
Conclusión. Imaginar la volumetría de estas pautas citadas anteriormente puede ser difícil o no, pero es muy importante responder a estas pautas para dar oportunidad al encuentro, a la búsqueda y a la interpretación del si mismo, y la volumetría va a salir.
La casa es el vientre, es el refugio, es la torre, es el fuerte, es la muralla, es la isla, es el muelle, es el cenáculo, es el lugar que elegiste para ser vos mismo en este mundo.
No todos vamos a tener la oportunidad de proporcionarnos estos espacios en nuestra casa, quizás porque no tenemos dinero, o porque vivimos cerca del trabajo en un pequeño departamento en pleno centro de la ciudad, pero no perdamos la oportunidad de recrear los espacios que tenemos e imaginar, que es el primer paso antes de la creación.
Jung fundamentó su experiencia de Bollingen en la posibilidad de crear un espacio que lo vincule con lo primitivo y con lo creativo y ese es el fundamento que tomo para vincular el espacio habitado con el si mismo.
Descubrir espacios o descubrir nuestro si mismo, nos exige ser libres, salir de esquemas, de modas, de estereotipos. Ser libres implica romper, oponer, buscar. Como dice la sabiduría Tolteca, ¿quien nos impide se libres?, nosotros mismos. La búsqueda del espacio propio es la base donde formamos nuestra propia identidad, donde formamos una familia, donde imprimimos nuestro sello a nuestros seres queridos, a nuestros amigos, a nuestros vecinos.
Debo confesar que esa casa soñada aún no la he conseguido materializar por completo, pero me apasiona esa búsqueda y esa construcción concatenada de espacios que según se presentan toman una escala de valor y prioridad.
Finalmente nunca tendré esta casa soñada o quizás ya la tengo. Lo mismo ocurre con la búsqueda del si mismo, es una continua y tenaz tarea de construir nuestro self, de acumular experiencias de vida que nos impulsen a la trascendencia, a ser para el otro, a ser yo mismo para ser nosotros mismos, para que una casa sea un pueblo, y un pueblo sea una ciudad, y una ciudad sea un país y un país sea el mundo y el mundo sea…..
Bibliografía:
Recuerdos, sueños y pensamientos. Carl Jung
Los complejos y el inconciente. Carl Jung
La psicología de Carl Jung. Jcobi Jolande
Los cuatro acuerdos. Miguel Ruiz

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