El hombre es un
misterio de optimismo y buen humor ; lo es porque
sabe que no le queda otro remedio más que lo
verosímil para intentar satisfacer sus ansias
de absoluto. Entonces, crea.
A lo mejor todo empezó cuando logramos encender
el primer fuego y sentados alrededor de él
visualizamos el modo de ser del hombre en el mundo.
Allí, en ese primer "asiento de fogón"(1),
el primer mandala de comunidad.
Desde entonces recurrimos a la música para
acceder al silencio, a la palabra para acercarnos
a lo innombrable, a la escultura para intuir el vacío...
y así... mientras construimos la más
compleja de todas las creaciones, que no es ni más
ni menos que convivir en la diversidad aspirando a
lo que diría Magrassi con tanta sencillez:
" Ser muy UNO para ser muy TODOS". Y por
qué no, muy "TODO".
Estas reflexiones acerca de los límites del
hombre no son más que una excusa para justificar
que este trabajo aspira sólo a registrar mi
primera mirada junguiana sobre las manifestaciones
simbólicas de las bandas de sicuris andinas.
Y esto partiendo de lo que conozco sobre Jung, es
decir, lo suficientemente poco como para darme cuenta
que es muy probable que haya errores conceptuales,
omisiones y una gran dosis de subjetividad.
Sin embargo decidí hacerlo motivada por el
hecho de haber "musicado" en las bandas,
y que esa experiencia - entre otras - me haya producido
una certeza de transculturalidad tan impactante como
inexplicable. Había algo allí que me
conectaba con dimensiones muy profundas de mi vida
emocional y no sabía ni cómo ni por
qué. Ahora lo sé: " ...cuando lo
arquetípico se manifiesta lo hace bajo la forma
de lo que sorprende en su aparición, lo numinoso
y lo segregado y no posible de integrarse al curso
racional del pensamiento y la conciencia (suceso que
genera una contemplación reverente en el observador
ante esta manifestación de lo inesperado)."
(2)
Frente a este hallazgo y con las herramientas adquiridas
durante el año es que me permito bucear en
busca de algunas explicaciones a modo de hipótesis
y tratar, por lo menos, de contextualizarlas.
Ritmo, música y cosmovisión
Duración, sentido, sucesión y pausa
tienen que ver con la imagen viva del universo y de
nosotros mismos. El ritmo "es" nosotros
mismos y la música lo expresa magistralmente
por estar vinculada con el tiempo de un modo tan irreductible
que pareciera que el propio sonido lo creara.
Este juego invisible que se desvanece en el mismo
instante en que sucede, fue sin embargo uno de los
vehículos de acceso al silencio más
profundo en el que todos los hombres buscaron la eternidad.
Y los andinos parece que también.
Sabemos que en las cosmovisiones de los pueblos originarios,
el ritual cumple la función de reactualizar
periódicamente los mitos. Al "revivir"
lo ejemplar sucedido en "el tiempo sin tiempo
de los orígenes" se reitera el conocimiento
esencial que da sentido a los valores de la comunidad
y a la vez se canalizan emociones latentes en el pathos
colectivo e individual. Esta experiencia, realizada
a través de un complejo de símbolos,
gira también alrededor del ritmo como eje estructurante
de todos los lenguajes.
Si bien las bandas de sicuris seguramente formaban
parte de una representación dramática
ritual más amplia, la riqueza de su simbolismo
merece ser analizada en particular. Para esto es necesario
tener en cuenta algunos principios del modo en que
los andinos concebían todas sus formas de interacción:
consigo mismos, con los otros, con el mundo y con
lo sagrado.
El término "ucamahua mundajja" significa
el "así" del mundo como puro advenimiento,
íntimamente relacionado para ellos, con el
modo de existir del ser humano: "el estar".
Kush, al rastrear la etimología de la palabra
aymara "utcatha" que Bertonio traduce como
"estar" dice lo siguiente: "... pareciera
llevar en la primera sílaba un apócope
del término uta o casa, lo cual lo vincularía
con el concepto de domo o sea domicilio o estar en
casa(...) Significa también estar sentado,
lo cual nos lleva paradójicamente al sedere
de donde proviene el ser castellano. Finalmente Bertonio
menciona la forma utcaña, el asiento o silla
y también la madre o vientre donde la mujer
concibe. En suma, se trata de un término cuyas
acepciones reflejan el concepto de un mero darse o,
mejor aún de un mero estar, pero vinculado
con el concepto de amparo y germinación "(3).
" .... pareciera que en ese mero estar del utcatha,
se da otro elemento más que Bertonio señala
cuando transcribe un término afín, a
saber uttaatha, "exponer o sacar las cosas para
vender en la plaza". Y el concepto de plaza desde
el punto de vista de la psicología profunda,
tiene un evidente sentido arquetípico, ya que
es símbolo del centro de un mundo trazado en
plan mágico (...) El primer vocablo, utcatha
se socia con estar en el sentido de habitar, además
con asiento, vientre, mita o sea trabajo comunitario
y finalmente con plaza o centro de comunidad."
(4)
¿ Será el "estar" de los andinos
un afrontar el devenir sintiéndose amparado,
sembrado y a la vez sembrador en el vientre de la
tierra donde le toca "asentarse", "vivir"
o "crecer" comunitariamente, buscando el
"centro" donde la eternidad triunfa definitivamente
sobre lo efímero?
"Utcatha", sólo una palabra-música
suspendida en el tiempo y transmitida oralmente por
generaciones.
¿ Qué denota? Naditas muy humanas, concretas
e inmediatas de un pueblo agricultor. ¿ Qué
connota para los andinos? El Todo de sí mismos
como anhelo, el sentido de su actuar y la solidaridad
fundamental del universo que trasciende las formas
singulares.
Dice C. Menegazzo: "... La razón mítica,
en su búsqueda continua, tenderá ineludiblemente
a totalizar su comprensión con respecto a lo
desconocido, para integrarlo en forma paulatina a
lo conocido"(5). Esta integración no puede
hacerse sino a través de lo cultural realizado
en la conciencia como manifestación de lo arquetípico,
es decir, los símbolos. Tal es la función
de esta hermosa palabra que se abre, no codifica,
es móvil, no atrapa, es polisemica, y cargada
como está de valores emocionales tiene sobre
todo, vida.
Para el indígena la sabiduría no consiste
en definir objetos ni en explicar por qué las
cosas son como son, sino en saber cómo hacer
para lograr el equilibrio en un mundo desgarrado entre
las dos formas de advenimiento de la realidad: lo
favorable y lo desfavorable.
Se trata de un saber "relacional" para el
que toda acción está regulada por el
principio del "ayni" o reciprocidad compensadora,
también con respecto a lo sagrado que irrumpe
en el ritual con su fuerza de unificación y
totalidad. Es allí donde el andino encuentra
el soporte de ese "mero estar" que requiere
implícitamente de lo absoluto para superar
el miedo a la adversidad y al caos del "vuelco"
cíclico del mundo, al que designa con el término
"kuty".
Para ellos lo humano y lo cósmico son uno,
también para Jung ya que el eje de su trabajo
de investigación fue buscar en la Psique los
vestigios de este vínculo a través de
los contenidos del inconsciente colectivo y sus manifestaciones
simbólicas. Desde su vivencia personal, los
antecedentes de la teoría freudiana y un conocimiento
profundo en mitología, filosofía y religión,
exploró no sólo las instancias "oscuras"
del hombre sino también sus capacidades espirituales
integradoras. Concibió la vida humana como
un proceso creativo cuyo sentido es la expansión
de la conciencia y el encuentro con el "Sí-
mismo" como punto de integración de todos
los contrarios: " El sí mismo no es reconocible,
no es captable conscientemente. Es algo críptico
que se manifiesta en sueños y ensueños,
en vivencias afectivas y visiones, pero ese "algo"
nos es ajeno y sin embargo tan próximo, un
enteramente nosotros y empero irreconocible, un punto
medio virtual de tan misteriosa constitución
que puede reclamarlo todo: parentesco con bestias
y diosas, con cristales y estrellas, sin movernos
a asombro y a suscitar nuestra desaprobación"(6)
" El Sí mismo es también el objetivo
de la vida, pues constituye la expresión más
cabal de esa combinación dada como destino
a la que denominamos individuo; y no sólo la
del hombre singular, sino también la de todo
un grupo humano, en que el uno complementa al otro
para formar la imagen total"(7)
Tal vez esta vivencia surgiera en los andinos en forma
espontánea. El centro y el sentido de la vida
estaban dentro del ser humano, y el mundo aceptado
"así como es", requería una
forma de comprensión más vinculada con
las funciones del sentir e intuir que con las del
pensar y el percibir. No en vano suelen afirmar hoy
los kallawayas que " un hombre es lo que piensa
su corazón", como si la función
racional y valorativa que le permite darse cuenta
de lo correcto y lo incorrecto, pasara primero por
un sentimiento vital. Dice Kusch " El registro
que el indígena hace de la realidad es la afección
que ésta ejerce sobre él, antes que
la simple connotación perceptiva." Y más
adelante " El juicio emitido a partir del corazón
es a la vez racional e irracional, por una parte dice
lo que ve o sea que participa del mundo intelectual
de la percepción, y por otra siente la fe en
lo que está viendo, casi a manera de un registro
profundo, como una afirmación de toda la psique
ante la situación objetiva (...) por eso, todo
lo indígena aparece con ese matiz del "porque
sí", casi irracional, con el cual él
acompaña sus afirmaciones"(8)
No obstante esto, cuando los incas se "venden"
( en algunos casos) o se imponen ( en otros) como
héroes divinos, también demostraron
tener una gran capacidad de observación y discriminación,
siendo excelentes estrategas y logrando crear un auténtico
Estado ( teocrático, pero Estado al fin) basado
en la redistribución de los bienes y la reciprocidad
en todos los órdenes.
Si comparamos esta forma de saber con el pensamiento
lógico/causal que predomina en nuestra cultura,
vemos que este último hace referencia a objetos
y no a propiedades de las relaciones. Se basa en la
exigencia de un estricto criterio de racionalidad
y objetividad que resulta tan exacerbado como insuficiente
si tenemos en cuenta, como documenta Galeano en "
Patas Arriba" que: " Según el programa
de las Naciones Unidas para el Desarrollo, diez personas,
los diez opulentos del planeta, tienen una riqueza
equivalente al valor de la producción total
de cincuenta países, y cuatrocientos cuarenta
y siete multimillonarios suman una fortuna mayor que
el ingreso anual de la mitad de la humanidad (...)
En la era de las privatizaciones y del mercado libre,
el dinero gobierna sin intermediarios. ¿ Cuál
es la función que se atribuye al estado? El
estado debe ocuparse de la disciplina de la mano de
obra barata, condenada a salarios enanos, y de la
represión de las peligrosas legiones de brazos
que no encuentran trabajo: un estado juez y gendarme,
y poco más. (...) El sistema niega lo que ofrece,
objetos mágicos que hacen realidad los sueños,
lujos que la tele promete, las luces de neón
anunciando el paraíso en las noches de la ciudad,
esplendores de la riqueza virtual: como bien saben
los dueños de la riqueza real, no hay valium
que pueda calmar tanta ansiedad, ni prozac capaz de
apagar tanto tormento. La cárcel y las balas
son la terapia de los pobres." (9)
La gran paradoja es que los mitos siguen vigentes
en esta flamante sociedad post-industrial, que distribuye
las nuevas "historias sagradas" a través
de los medios masivos de comunicación. Lo terrible
es que en aras del beneplácito de los "dioses
de las corporaciones económicas" exige
que el sacrificio del ritual sea realizado solamente
por los sectores más afectados por la crisis.
Y si es de sangre, mejor.
Pareciera que lo irracional nunca fue tan negado y
ni tan patente a la vez. Como si se hubiera acumulado
durante siglos hoy reclama su derecho a ser vivido
a como dé lugar y despliega su poder en todas
las formas de violencia, se filtra en las doctrinas
más inocentes y humanitarias, enferma al cuerpo
social y por extensión a la naturaleza toda.
No obstante, si como afirma Jung, "... lo que
es la psicología de la humanidad es también
la psicología del individuo"(10), habrá
que encontrar una cura empezando por nosotros mismos
y para esto no hay nada mejor que seguir los rastros
de las zonas oscuras de la psique.
" Jung, como pionero, se distingue como el único
que ha interpretado lo inconsciente en función
de la vida espiritual del hombre, y el primer autor
que trató los hechos de la experiencia religiosa
- la Vivencia Numinosa- como instancia válida
y auténtica de la personalidad, y no simplemente
como "epifenómeno", como sublimación,
o como un síntoma neurótico. El vínculo
con los hechos religiosos- no los credos ni dogmas-
sino la íntima relación entre el individuo
y las vivencias de la realidad vital y cósmica,
era para Jung de primordial importancia en la formación
y desarrollo del ser humano"(11)
Veamos qué podemos encontrar entonces, siguiendo
este camino.
Algo sobre el origen y sentido de estas bandas
Existen en la actualidad numerosos géneros
de bandas de sicuris en Perú, Bolivia, Argentina
y Chile. Entre ellos los Sicuris de Italaque y Charazani
son los más antiguos sobrevivientes pre-hispánicos
que llegaron hasta nuestros días manteniendo
sus características distintivas, pese a las
modificaciones que sufrieron y seguirán sufriendo.
De su vigencia en el Incario hay suficientes testimonios,
entre ellos el del Inca Gracilazo de la Vega: "
De música alcanzaron (los Incas) algunas consonancias,
las cuales tañían los indios Collas,
o de su distrito, en unos instrumentos hechos de cañutos
de caña, cuatro o cinco cañutos atados
a la par; cada cañuto tenía un punto
más alto que el otro, a manera de órganos
(...) cuando un indio tocaba un cañuto, respondía
el otro en otra consonancia y el oro en otra, unas
veces subiendo a los puntos altos y otras bajando
a los bajos, siempre al compás (...) los tañedores
eran indios enseñados para dar música
al Rey y a los señores vasallos, que con ser
tan rústica la música, no era común,
sino que la aprendían y alcanzaban con su trabajo"(12)
La voz "siku" es de origen aymara, y de
acuerdo al texto anterior este tipo de tropas provenía
de la región sur del Tahuantinsuyu, la nación
Colla. Este conjunto de reinos dispersos estaba integrado
por diversos grupos humanos que habitaban por excelencia
en la cuenca del Titicaca. Como herederos directos
de la cultura Tiahuanaco (700/1100 DC) se reconocían
emparentados por ser portadores de una misma tradición
cultural y una misma lengua: el aymara.
Sabemos que los Incas- inteligentemente- incorporaron
y difundieron los elementos culturales de las naciones
conquistadas que pudieran favorecer el funcionamiento
del Estado, por lo tanto suponemos que estas bandas
existían desde mucho tiempo antes del incario.
La tradición oral nos remite a Italaque( hoy
Provincia de Camacho, Departamento de la Paz, Bolivia)
y Charazani ( Provincia Bautista Saavedra, Departamento
de La Paz, Bolivia) de donde se cree provenían
los músicos que acompañaban en su peregrinar
a sus vecinos Kallawayas ( sanadores o chamanes trashumantes)
y que más tarde llegaron hasta Cuzco adoptados
por el Inca.
Es muy probable que esto haya sido así, ya
que entre los elementos del "botiquín"
de un curandero kallawaya que vivió en Caliicho
en siglo VI de nuestra era, se encontraron varios
tubos de caña. Mientras que algunos estaban
tapados y contenían sustancias alucinógenas,
otros, destapados en un extremo, bien podrían
haber sido partes de un siku.
El instrumento y la forma
de tocarlo
Las flautas de filo, conocidas como " flautas
de Pan" con referencia al mito griego que adjudica
su creación a esta divinidad, son universales
y existieron en América pre-hispánica
de formas muy variadas: en bloques de piedra, de cerámica
o madera ( como el piloiloi y la pifilka araucanos),
en tubos de caña simples atados en forma escalonada
con fibras vegetales ( como la antara y el rondador)
o simplemente en manojos de tubos sueltos, como el
mimb_ retá guaraní.
El sikus sin embargo se distingue de todas ellas porque
está compuesto por un juego de dos hileras
de tubos de caña, dispuestos en forma escalonada
cuyos sonidos se complementan en la melodía.
Se conocen con el nombre de "ira" ( "el
que inicia", de 6 tubos) y "arca" (
"el que da continuidad", de 7 tubos), también
llamados "amarro femenino" y "amarro
masculino"respectivamente.
En
el folklore actual es común ver que muchos
músicos tocan las dos hileras a la vez en forma
solística, pero no se trata aquí del
instrumento tradicional. En él- como se ve-
cada mitad posee a su vez una hilera de tubos abiertos
que no se sopla sino que cumple la función
de resonador. Esto hace imposible que un solo músico
pueda tocar las dos partes a la vez y que forzosamente
tenga que "parear" con el complemento, formando
así díadas de un 6 y un 7.
Esta forma particular de "pregunta-respuesta"
o "sikus abierto" nos remite a uno de los
principios fundamentales del pensamiento junguiano
( inspirado en la filosofía de Heráclito):
el principio de OPOSICIÓN según el cual
todo acontecer puede ser explicado como una "lucha"
entre fuerzas antagónicas que engendra el movimiento.
Los andinos lo expresaban con el término "tinku"
cuya acepción más común es "encuentro".
Se trata de un encuentro entre polaridades antitéticas
que siempre producen algo nuevo y diferente: dos ríos
que confluyen en uno solo, los hijos, el brote que
conjuga la semilla y los nutrientes etc. También
la danza en la que indefectiblemente tenían
que enfrentarse dos comunidades antes de realizar
cualquier actividad, llevaba este nombre. En ella
los hombres medían sus fuerzas unos frente
a otros dramatizando el conflicto con verdaderos "pechazos"
y golpes al aire, usando cascos de cuero para protegerse
de posibles aciertos. Las mujeres los alentaban con
gritos al compás de la música rodeando
la escena que se desarrollaba en un espacio sagrado
concebido como "huaca" o lugar donde el
tinku se hacía presente.
En el significado de esta palabra y en la forma en
que el instrumento se toca, vemos la representación
de los rasgos que caracterizan a nivel teórico
el principio de oposición:
- el
carácter complementario de la interacción
entre los dos polos ( las partes del instrumento,
incluso cómo se los nombra).
- el conflicto esencial o antagonismo
del que deviene la fuerza creadora de la vida (en
este caso el hecho de "parear" con el
otro).
- la búsqueda de equilibrio
o compensación ( manifestada en la melodía).
El principio de oposición
aparece permanentemente en la cosmovisión andina
y es tomado en este trabajo en forma general, a sabiendas
que Jung señala muchos y muy complejos niveles
de oposiciones.
Composición de la banda-
roles y arquetipos
Las tropas están integradas
por sikus de distintos tamaños( chulli, malta
y zanca) que se distribuyen entre los músicos
según el rol que desempeña cada uno
en la representación de un ciclo vital completo,
en el que podríamos identificar algunos símbolos
arquetípicos.
Los arquetipos son formas o esquemas comunes a toda
la humanidad, que en su posibilidad de representación
emergen del Inconsciente Colectivo como "Imágenes
Primordiales". Afirma V. Rubino:
" Los arquetipos son los patrones fundamentales
de la formación de símbolos, que se
repiten a través de los contenidos de las mitologías
de todos los pueblos, en la humanidad entera, y se
expresan como Imágenes Primordiales, desde
los oscuros tiempos de la prehistoria de la especie
humana".(13)
El chuli (etimol. "semilla"): es
el instrumento de tubos más cortos, representa
al hijo menor de la familia pero sin embargo es entregado
tradicionalmente a los más ancianos. Y no por
casualidad. Podríamos pensar que sucede así
porque la cantidad de aire que requiere el soplo es
mínima, pero no lo hacen sólo por esto,
sino en señal de respeto y reconocimiento.
Son los ancianos quiénes deciden cuál
es la melodía que se va a interpretar y la
inician tocando ellos solos la primera vuelta. Enseñan
con el ejemplo y como imágenes vivientes del
arquetipo del ANCIANO SABIO representan la plenitud
y goce por la vida en su dimensión más
profunda.
Todo en el anciano es flor y semilla al mismo tiempo,
es decir sabiduría e inocencia (como el niño
pequeño) y además se ha ganado la capacidad
de hacer, espontáneamente y sin esfuerzo.
La zanca (etimol. "bastón"):
posee los tubos más largos que producen sonidos
graves muy difíciles de prolongar por la cantidad
de aire que se necesita.
La zanca es entregada a los adultos que también
tocan los bombos y tambores, y entre los cuáles
se elige el rol de "director". Este asume
la responsabilidad de convocar a la tropa con una
"Gran llamada" y dar todas las indicaciones
a los músicos.
Tomando como base la etimología de la palabra
"zanca" podríamos atribuirle un lugar
importante en la realización simbólica
de por lo menos dos imágenes arquetípicas
del ANIMUS: el bastón del PEREGRINO y el bastón
de mando del LEGISLADOR o el REGENTE. El primero encarnado
por todos los músicos en su condición
de buscadores en el camino de la vida. El segundo,
en particular por el director, que es el que tiene
el poder de hacer respetar las normas de cuyo cumplimiento
depende el orden.
La malta (etimol. "joven"):
este instrumento de tubos de mediana longitud es ejecutado
por los jóvenes recién iniciados en
el camino de la vida adulta y también en la
música colectiva.
La malta es el instrumento del arquetipo del APRENDIZ,
muy vinculado todavía al NIÑO que hasta
hace poco "pareaba" con un compañero
fuera de la banda, escuchando y observando humildemente
hasta que llegara el momento de ser convocado.
Finalmente lo es, ritual de iniciación de por
medio. Empezará participando en los temas para
los que esté preparado, formulará sus
primeras preguntas ávido de saber e iniciará
el despliegue de sus potencialidades latentes - advertidas
pero no plenamente conocidas- con la ayuda de los
otros.
Conexión con lo espacial:
la danza en torno al centro
Otra característica significativa
de estas bandas es la disposición en círculo
de los músicos, quiénes después
de la ejecución de cada tema se dirigen por
turno al centro, donde una vasija está disponible
para beber de ella el trago vivificante de chicha
o "sangre del sol".
El círculo es un símbolo universal de
totalidad y el término quechua más aproximado
a este concepto sería el de "Pacha",
espacio y tiempo sin comienzo ni fin.
En síntesis, esta representación del
ciclo vital donde los opuestos se complementan, se
actualiza en un círculo sagrado de energía
dirigida al centro; y podríamos también
decir, que a través del "aliento".
Recordemos que los sikus son instrumentos de viento
en los cuáles la respiración es fundamental
y que en muchas culturas la fuerza que anima la existencia
está simbolizada por el aire que se absorbe
al inspirar. La palabra "inspirar" deviene
de "spiri" de donde evolucionó también
el término "espíritu". En
este caso el "espíritu", la fuerza
creativa de la que participa el hombre, se manifiesta
en la música... pero esto no significa que
no haya que enfrentar, como veremos, algunas contingencias.
En un momento determinado y por indicación
del director, los músicos serpentean alrededor
del centro en la danza conocida como "amaru".
Aquí es necesario que volvamos sobre los principios
que rigen todas las relaciones en el mundo andino
y su dinámica de oposiciones.
Algunos representan lo saludable, lo previsible, lo
familiar y lo que tiende al equilibrio. A lo mejor
todo lo relacionado con el aspecto positivo de los
símbolos arquetípicos y que aparece
de diferentes formas en el "tinku"(encuentro)",
el ayni"(reciprocidad) y la "mita"
( turno, en el sentido de distribución del
trabajo y de los riesgos en todos los órdenes).
Por otra parte están los que tienen que ver
con lo imprevisible, lo nefasto, el aspecto devastador
de la naturaleza, la enfermedad, lo extraño,
lo oscuro y peligroso. Tal vez para Jung la manifestación
de la "sombra" personal o colectiva como
expresión de lo rechazado definitivamente de
la conciencia, que guarda relación con el aspecto
complementario negativo de los símbolos arquetípicos.
Esto se expresa fundamentalmente en dos términos:
"kuty"( vuelco) y "amaru"(serpiente).
Al primero ya nos referimos brevemente. Se trata del
advenimiento violento de un nuevo orden en el mundo.
Cada una de las cuatro edades míticas referidas
por Guamán Poma se produce por un "kuty"
y los mitos contemporáneos nos hablan del próximo,
que finalmente producirá el "vuelco"
de la situación de marginalidad y desventura
iniciada con la conquista y colonización. También
el Inca Yupanqui, noveno en la dinastía(1478-1471),
cambió su nombre por el de Pachakuty luego
de derrotar a los Chancas y conquistar a los Collas.
Inició así una verdadera transformación
del mundo andino a partir de modificaciones en la
cosmovisión mítico-religiosa.
Este proceso fue muy similar al que se produjo en
la antigua Grecia con el nacimiento de la Tragedia
inspirada en los arquetipos simbolizados por los "nuevos
dioses" del Olimpo. Dice C. Menegazzo "
Se pasa generalmente de un naturalismo a un antropomorfismo
religioso, y detrás de todo antropomorfismo
se puede inferir el fenómeno de emergencia
de una casta que quiere proponerse como modelo de
autoridad a otras castas". "( ...) Los Incas,
hijos del Sol y dioses ellos mismos, hicieron de sus
templos verdaderos símbolos de la montaña
de la que decían descender míticamente.
En el mundo incaico, la tragedia de Ollantay es un
ejemplo de propuesta para la catarsis pasiva del pueblo
dominado.
En esta cosmovisión, el Ollantay representa
la dramatización del castigo para el plebeyo
que infringe el tabú. Castigo para aquel que
osó cometer el pecado original de unirse con
la casta divina, de la que la ñusta formaba
parte. En el orden incaico, la ñusta únicamente
podía ser destinada a los dioses o a los incas."
(14)
El otro término, " amaru", nos habla
de un fenómeno similar pero menos generalizado.
Se da como una fuerza temible que se manifiesta justamente
en momentos de tensión, cuando hay algo oculto
que molesta, cuando la tierra está "enojada"
porque no se la ha tratado con el debido respeto,
cuando hay furia contenida, cuando hay algo que tiene
que morir etc. Se ve en la guerra, la venganza, el
granizo y especialmente en la violencia explosiva
del río que baja crecido desde la montaña
arrasando con acequias y cultivos.
Si hay algo pendiente, desequilibrado, incompleto
y que no se resolvió en su momento por medio
del ritual o en las formas de "ayni" o "tinku",
entonces viene el "amaru".
José M. Arguedas en " Dioses y hombres
de Huarochirí " traduce algunos mitos
incaicos donde el "amaru" aparece como una
serpiente de agua de dos cabezas, siempre vinculada
a fenómenos de transición y límites.
Los aymaras por su parte la asocian también
con la fertilidad.
Como vemos, el principio de oposición ( antagonismo,
complementariedad y compensación de las polaridades)
se hace presente en las ideas centrales del pensamiento
andino que venimos mencionando: por un lado el orden
cósmico que se revela en la búsqueda
de un equilibrio inmanente y por otro la potencia
"germinal" que resguarda la continuidad
del mundo.
Pareciera que el "amaru" se corresponde
con el ouróboros de los gnósticos, la
serpiente que se come la cola, imagen de la Totalidad
primordial intemporal y autosuficiente que contiene
todas las polaridades. Si así fuera, el arquetipo
se afirmaría doblemente ya que se trata de
una serpiente de agua, y el agua también es
un símbolo universal de la Totalidad primordial,
fuente de todo lo viviente, abismo insondable a lo
que todo retorna. Especialmente como "catástrofe
acuática" - una de las formas en que se
hace visible el "amaru"- simboliza la muerte
y la resurrección.
Lo cierto es que cuando se cree que el conjuro hizo
su efecto y finalmente el "caos" se transformó
en "cosmos", los músicos se detienen
y luego, girando sobre su lado izquierdo a la indicación
de "hacer la flor", dan varias vueltas en
el "circulo mágico" repitiendo el
tema hasta terminar. Este brotar o abrirse la flor
es también un símbolo mandala. Las "vueltas"
de la desintegración de lo uno en lo múltiple,
finalmente se integran en el TODO.
Entonces
se produce el silencio. Los músicos van, de
a uno hacia el centro de la rueda a nutrirse de la
"sangre del sol", no sin antes "dar
de beber a la Pachamama" volcando un poco en
el suelo. El "chayar", arrojar, derramar
sobre objetos y en especial sobre la tierra, es un
símbolo ancestral de fecundación en
cosmovisiones míticas agrícolas donde
el sol representa el aspecto masculino y la tierra/luna,
el femenino.
Beber en silencio de la chicha contenida en la vasija
del centro del mandala, es para los andinos, calmar
simbólicamente la "sed de eternidad"
inherente a la naturaleza humana. Es detener el devenir
por un instante, es vencer el miedo a la muerte centrándose
en la chispa divina que nada puede afectar.
Serpiente, agua, círculo, flor, vasija, sangre,
sol, tierra, movimiento, sicus, aliento, música...
¿ cuántas imágenes más
emparentadas en una red inmensa en la que cada cosa
toma un sentido en la medida en que participa de algún
aspecto de lo "eternamente renovado"?
El ritmo simbólico
de las repeticiones
Las repeticiones son siempre
múltiplo de cuatro, número que rige
todos los ámbitos del saber andino y se exterioriza
en expresiones directas de la cuaternidad o a veces
en la fórmula 3+1 donde el cuarto elemento
tiene una cierta autonomía. "Los principios
dominantes del dualismo, bifurcación de género
y relaciones simétricas se expresan ( en la
cosmovisión andina) mediante el predominio
de los números pares abarcando todos su múltiplos,
las estructuras duales de la bipartición y
tetrapartición del espacio y movimiento, la
simetría invertida en imágenes en espejo
y de eventos simultáneos, y en la importancia
central de la pareja"(15).
Dan cuenta de esto la distribución de los ceques
o senderos que parten desde el templo del sol en el
Cuzco y sobre los cuáles se disponen los otros
adoratorios, los tres ámbitos del Pacha, la
greca escalonada de los cuadrantes de la "chacana"
o cruz andina, los rumbos del Tahuantinsuyu, la organización
social etc. etc.
Al respecto, Kusch hace una referencia muy clara a
los arquetipos del inconsciente colectivo: "
Ahora bien, decir que un saber es rítmico significa
que ese saber no pareciera tener origen sensible o
exterior, como lo requiere el nuestro, sino que participa
de la reminiscencia y que ha de consistir en un estereotipo(...)
La trinidad, o en su defecto la cuaternidad 3+1 funcionan
como casilleros vacíos anteriores a cualquier
experiencia sensible, los cuales recién a posteriori
reciben contenidos provenientes de la realidad"(16)
Música y trance
Las finalidades de la música
en las sociedades primigenias eran muchas y podríamos
sintetizarlas en las siguientes:
- sincronización de actividades
motoras ( siembra, cosecha, marcha guerrera etc.)
- colaboración en la
memorización y exposición de distintos
tipos de discursos en las culturas ágrafas
(poéticos, míticos, narrativos etc.)
- señal de convocatoria
a diferentes actividades
- apoyo propagandístico
( Esto se ve muy claro en los relatos de algunos
cronistas sobre el terror que infundía en
ellos la música indígena colectiva,
sobre todo por la descarga emocional que producen
los vientos y la percusión.)
- función propiciatoria
del agrado de los dioses ( para la guerra, buena
caza, buena cosecha, buen viaje etc.)
- soporte del acto dramático
ritual.
- provocación, conducción
o facilitación del trance ( en ritos funerarios,
iniciáticos o de curación chamánica)
Por lo inagotable del simbolismo
de estas bandas y por lo que me parece que expresan
allí donde roza el inconsciente colectivo con
sus arquetipos, es que no me resultaría extraño
que en su origen hayan estado vinculadas por lo menos
con las dos últimas funciones.
Todavía hoy los chamanes de las comunidades
tradicionales de Charazani se reúnen a solas
para realizar el ritual de "rebalanceo del universo".
Si bien para ellos "Pacha es siempre amparadora",
esta conciencia exige de la participación,
la responsabilidad y la retribución del hombre.
En virtud de ello se dirigen periódicamente
a la montaña- que como mediadora entre "el
arriba" y "el abajo" es también
un espacio sagrado- llevando sus tambores, trompetas
y por supuesto, sicus.
Es muy probable también que el tipo de respiración
que requiere este instrumento haya favorecido la búsqueda
de estados de trance o de catarsis emocionales. Por
ejemplo, el ritmo de los K'antus de Charazani exige
la retención del aire y una espiración
muy lenta para prolongar el sonido, mientras que en
otros casos se requiere una respiración rápida
con mucho trabajo abdominal. Ambos tipos de respiración
intensificados voluntariamente producen alteraciones
fisiológicas que pueden conducir a estados
de modificación o ampliación de conciencia.
Dice Fericgla: " La tradición cultural
más importante que nos ha llegado referida
al control de la respiración es, sin el menor
lugar a dudas, el conjunto de técnicas Pranayamá
practicadas por los yoguis indios. Hay otras tradiciones
culturales lejanas de las que tengo noticia que se
refieren a ello, como la respiración rápida
de los indígenas americanos de la alta Amazonia
para librarse de tensiones perniciosas, las técnicas
chamánicas inuit, la respiración Misogi
practicada en el ki Aikido o el mismo canto gregoriano".
(17)
Actualmente las bandas de sicuris están muy
generalizadas y como producto del sincretismo con
la religión católica, son infaltables
en las procesiones en honor a la Virgen, los santos
patronos y todas las celebraciones del calendario
litúrgico.
Hasta no hace mucho, mientras la fiesta popular respondía
más a la devoción que a la exhibición,
sobrevivían alejadas de los centros urbanos
conservando su espíritu territorial y local.
Hoy podemos verlas también en Buenos Aires
y a lo mejor tocar en ellas junto a bolivianos y peruanos,
participando de nuevas producciones de sentido, esta
vez atravesadas por ideologías, distintos posicionamientos
y no pocos conflictos.
En las nuevas bandas mestizas la música fluye
entre distancias culturales, heridas del pasado histórico
y del presente, prejuicios, culpas "inauténticas",
resentimientos, frustraciones, identidades y diferencias
de todo tipo. Pero fluye.
Por mi parte siempre sentí que en ese tocar
juntos, la música "negociaba" simbólicamente-
mejor que las palabras- el reconocimiento de un sentimiento
de igualdad esencial... y abría conciencias.
Sigo creyendo que las utopías no han llegado
a su fin y que se materializan en la posibilidad de
soñar un mundo mejor, en todo proyecto colectivo
como producto de un auténtico encuentro, en
el arte, los actos de creatividad y sobre todo en
la lucha por la individuación que nos permita
superar la alienación de nosotros mismos.
Es como dice Galeano:
"Camino diez pasos
y ella se aleja diez pasos.
Camino cien pasos
y ella se aleja cien pasos.
Es inalcanzable...
como el horizonte...
Entonces ¿para qué sirve la utopía?
Para eso sirve...
Para seguir caminando"
Palabras finales
En su libro "Magia, mito y psicodrama",
Carlos Menegazzo hace una interesante analogía
entre la evolución del acto dramático
en los distintos estadios del pensamiento y las matrices
evolutivas que sustentan el psicodrama de Moreno como
método terapéutico. Este tiene por objeto
ofrecer la posibilidad de realizar las integraciones
que en el sujeto quedaron postergadas por la no resolución
de alguna de las oposiciones conflictivas características
de cada matriz.
El autor vincula la razón mítica con
el "hambre cósmica de transformación"
que tiñe la vida emocional del niño
durante la primera fase de la matriz familiar y que
luego será la que impluse al adulto en la búsqueda
permanente de una "realización totalizadora".
Este aspecto suscitó mi mayor atención
y se me ocurrió para terminar, "dar un
paseíto" por mi propia interioridad buscando
relaciones entre este trabajo y mi vida personal.
Elegí el tema desde el sentimiento de una fuerte
identificación con la vertiente indígena
de nuestra identidad como argentinos, en particular
con su música y su filosofía. Porque
en los mitos de nuestros pueblos originarios se esconden
verdaderos tesoros que siguen latentes en sus descendientes
y son ignorados o excluidos de los ámbitos
del saber, igual que sus portadores del protagonismo
social. Y finalmente porque adhiero - con bastante
vehemencia- al contenido de los siguientes párrafos:
"En el intento de alcanzar la trascendencia,
el ser humano sigue un proyecto de totalización
que no termina ni culmina, y por lo tanto no se acaba
en el logro de una identidad individual, sino más
bien sobrevive a ella"( 18)
"...el hambre cósmica del niño
permanece siempre en la profundidad de cada hombre
como un residuo movilizador que actuará durante
toda la vida. Será el profundo mandato que
impulsará a cada ser, más allá
de su propia realización, a actuar en aras
de la realización de todos, a efectuar un aporte
para su cultura, en la medida de sus posibilidades"(19).
A sabiendas que toda identificación descarta
el polo opuesto, recordé con humor dos o tres
escenas discriminatorias de mi parte (que admití
públicamente) y me conformé con haberme
podido aproximar a lo que no quiero ser.
También revisé el mitema predominante
en mi vida adulta ( el mismo que en la infancia).Me
percaté del esfuerzo que me costó sentarme
en el suelo frente a ese "6" cuyo aspecto
negativo me producía un rechazo delator. ¿
Por qué?.
Recordé el impacto que sentí al leer
en "La conquista espiritual del Paraguay"
de Ruiz de Montoya el episodio protagonizado por un
cura jesuita con mi mismo apellido: el padre José
Domenech. Admiré el coraje que lo alentó
a salir de la misión y caminar por la selva
durante días en su patética obsesión
por "librar a la nación guaraní
de ídolos y adoraciones". Sentí
compasión y dolor al imaginarlo arrancando
de las hamacas del opy los emplumados huesos de los
chamanes muertos. Vi el terror en los ojos de los
indios mientras las llamas hacían "callar"
a los honrados mensajeros de los dioses, sólo
porque "los otros" no querían ni
podían escuchar sus "bellas palabras"...
¿ Qué tendré que ver yo y mis
afinidades con este asunto?.
La cuestión es que me crucé con este
texto y podría no haberme sucedido. Los errores
o aciertos del curita fueron de él, pero ahora
yo los conozco y este conocimiento forma parte de
mí. Veré lo que hago con él y
con lo que siento. También podría no
haberme enterado que existía la Fundación
Vínculo y aquí estoy haciéndome
preguntas que nunca imaginé.
Sin embargo y como hay cuestiones más urgentes,
me hice otras que no tienen que ver con los "continentes
subacuáticos" sino con lo próximo,
como por ejemplo: ¿por qué me aventuré
con el tema de los arquetipos del cual ignoro casi
todo? ¿ Por qué no pude respetar la
consigna de las seis páginas como máximo?.¿
Por qué corregí el trabajo tantas veces?
Y en particular ¿ por qué insisto en
buscar síntomas en él?
Al llegar a este punto, decidí que mi "Oso
al Oeste" se había puesto un poco "pesado"
con la razón mítica, la matriz familiar,
el asunto de los límites, la omnipotencia y
el temor a la mirada de los otros. Consecuentemente
y como era de esperar, pongo fin a este trabajo y
dejo las preguntas en suspenso. Ya vendrá alguna
"catarsis de integración" que me
las responda.
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y criollos de la Argentina- Ensayo sobre las clasificaciones
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instrumentos americanos" Ed. Centurión
Bs. As. 1984
Referencias
(1) Expresión utilizada por los Mby'a de Misiones
como símbolo de comunidad.
(2) Greco E. H. Op. cit. pág. 10
(3) Kusch R. Op. cit. pág 20/21
(4) Kusch. R. Op.cit. pág. 120
(5) Menegazzo C. M. Op. cit. pág 48
(6) Faro de Castaño T. Op. cit. pág.
68
(7) Faro de Castaño T. Op. cit. pág.
39
(8) Kusch R. Op. cit. pág. 30 y 50
(9) Galeano E. Op. cit. pág. 28/32
(10) Jung C. G. Op. cit pág. 66
(11) Rubino, Vicente Op. cit. pág.24
(12) Inca Garcilazo de la Vega Op. cit pág.
184
(13) Rubino, Vicente Op. cit. pág. 32
(14) Menegazzo C. M. Op. cit pág. 55 y 62
(15) Grebe M. Ester artículo citado.
(16) Kusch R. Op. cit pág 62
(17) Fericgla Josep María " Las respiraciones
catárticas entre la biología y la cultura"
pág.7
(18) Menegazzo C.M. Op. cit pág. 87
(19) Menegazzo C. M. Op. cit pág 90

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