|
Debido a sus profundas raíces en la historia
de la conciencia humana, la Sombra es quizás
la más poderosa y potencialmente la más
peligrosa de todas las fuerzas arquetípicas,
la fuente de todo lo que es peor y mejor en el hombre
El problema del Mal es uno los más profundos
y entrañables de todos los tiempos. Frente a
él no podemos apelar a valores supremos o símbolos
rectores que protejan al hombre contra la amenaza constante
de vivir en un mundo en el que el Mal ha surgido de
las profundidades y crece hasta asumir grandes dimensiones
y, en su Señorío, nos coloca a todos sin
excepción en una situación trágica,
sin salida, desamparados y vulnerables. Esta problemática,
que ha ocupado a grandes pensadores de todos los tiempos,
ha recibido un importante y significativo aporte de
Carl Jung con su concepción del arquetipo de
la Sombra, en el que hace referencia a los oscuros abismos
del alma humana, a esa Nigredo, a esas fuerzas primordiales
y violentas que, en las tragedias de Shakespeare se
hallan personificadas por siniestros personajes como
Yago, Ricardo III o Macbeth.
La Sombra es un potencial energético arquetípico
y personal que en la representación del mundo
primitivo aparece, como en la actualidad, personificada
de muchas formas, figuras e imágenes e integra
una parte del individuo, un desdoblamiento de su ser
que se halla unido a él, precisamente como una
sombra. La Sombra es la instancia más
abismal de la personalidad, es nuestro alter
ego, nuestro hermano tenebroso,
es la suma de todas las disposiciones psíquicas,
personales y colectivas, que no son vividas a causa
de su incompatibilidad con la forma de vida elegida
conscientemente y se constituyen en una personalidad
parcial relativamente autónoma en el oinconsciente
con tendencias antagónicas (1)
Es la fuerza incosciente que contiene más elementos
de la naturaleza básica del hombre. Erich Neumann
expresa: ´La sombra es él otro lado.
Es la expresión de la propia imperfección
y terrenalidad. O sea lo negativo no coincidente con
los valores absolutos; es lo corpóreo en contraposición
a lo absoluto y eterno de un alma que ´no pertenece
a este mundo. La Sombra representa la unicidad,
lo efímero de nuestra naturaleza; es la condicionalidad
y el límite; pero por eso mismo constituye también
el sistema nuclear de nuestra individualidad´(2)
La Sombra es todo aquello rechazado por la conciencia,
por lo cual, generalmente, como el caballo negro del
carro alado de la Alegoría del Alma de Platón,
recibe mayor represión que otros contenidos del
inconsciente con la finalidad, errónea, de que
el individuo pueda, mediante su Máscara (prosopon),
convivir conforme y adecuadamente con la comunidad:
es un intento de domesticación del lado primitivo
de la naturaleza del hombre. A través de esta
forma represiva puede perderse poder vital, generador
de la creatividad, espontaneidad e intuiciones profundas,
que son la vertiente positiva del arquetipo de la Sombra.
Así tambvién puede apartarse de la sabiduría
de su naturaleza instintual, sabiduría que por
ser muy profunda no puede ser eclipsada por ninguna
erudición.
Por esta razón, la Sombra no consiste solamente
en tendencias moralmente rechazables sino que, como
en todo fenómeno natural, se hallan dos vertientes
opuestas y de signo contrario, que en el caso de la
Sombra se manifiestan por tendencias vitales y creadoras,
percepciones agudas, intuiciones profundas, reacciones
intintuales firmes y adecuadas. Por eso expresaba Jung Si las tendencias reprimidas de la Sombra no
fuesen más que malas no habría problema
alguno. Pero, de ordinario, la Sombra es tan sólo
mezquina, inadecuada y molesta, y no absolutamente mala.
Asimismo contiene propiedades pueriles o primitivas
que en cierto modo vivificarían y embellecerían
la existencia humana (3)
Una vida sin Sombra tiende a tomarse superficial e indiferente.
La Sombra es un arquetipo importante y valioso porque
tiene la capacidad de retener y afirmar ideas e imágenes
que pueden ser muy significativas para el individuo,
como el impulso creador, que es una manifestación
de la vertiente positiva de la Sombra. Por ser ésta
persistente y tenaz y no ceder fácilmente a la
represión, puede llevar a una persona hacia actividades
más plenas y creativas: Fausto era un filósofo
erudito, especulativo, libresco y vacío: sólo
adquiere realidad y fuerza vital al integrarse con su
Sombra arquetípica, o sea Mefistófeles,
esa fuerza que quiere siempre el mal y el bien
siempre produce, quien se presenta como el
Espíritu que soy que siempre niega, y con razón,
pues todo lo que existe digno es de destruirse; por
lo mismo fuera mejor que aquí nada existiera.
De modo que, lo que llamáis vosotros pecado,
corrupción, en fin, lo malo, es mi propio elemento!
(4)
Cuando existe una interacción recíproca
entre el ego y la Sombra, una armonía, el individuo
se siente vigoroso y vital: si el ego discrimina y canaliza
las fuerzas instintuales, la conciencia se expande y
la actividad física y mental se desarrolla y
acrecienta. En cambio si la Sombra, en lugar de ser
aceptada e integrada a la conciencia es rechazada, entonces
se proyecta y vemos en los otros nuestra propia sombra.
Puede creerse en este caso que estos contenidos sombríos
reprimidos han sido eliminados pero, por las leyes de
la dinámica de la Psique, la energía se
transforma y trabaja sórdidamente en la esfera
del Inconsciente, donde permanecerá en estado
pontencial. Cuando un individuo atraviesa por situaciones
cruciales, la Sombra tenderá a ejercer su poder
sobre el ego: en este caso, la acción del lado
primitivo de la Psique tiende a crear perturbaciones
destructivas, fanáticas, hasta invadir el ego
y producir una verdadera posesión
del individuo. Por tanto, si el ego elige discriminar
y armonizar con las fuerzas naturales de la Sombra,
éstas no atacan al ego. En caso contrario se
manifiestan mediante la Proyección y,
cuando es rígidamente reprimida por la sociedad,
la Sombra arquetipal puede proyectarse en los pueblos
o naciones, y acontecer las grandes catástrofes
sociales y políticas que inundan al género
humano en desenfrenados derramamientos de sangre. Cuando
los hombres pierden su condición de tales
y se transforman en una horda primitiva,
se desencadenan los dinamismos del hombre-colectivo,
las bestias o demonios que dormitan en todo individuo
hasta convertirlos en partículas indiferenciadas
de una masa. En la masa el hombre inconsciente desciende
a un nivel moral e intelectual inferior, a un nivel
siempre por debajo del umbral de la conciencia (descenso
del nivel mental), listo para emerger tan pronto
se presente la atracción de la masa. La Sombra
colectiva no asumida se proyectará sobre individuos,
capas sociales y grupos étnicos, a quienes se
les atribuirán los propios rasgos no integrados
de la Sombra, y esos grupos pasarán a constituirse
en las víctimas propiciatorias de las clases
dominantes de esos pueblos o naciones: así fue
la Roma de los Césares, cuya Sombra colectiva
se hallaba demasiado cargada de crímenes, excesos
y lujurias y, como las clases jerárquicas no
poseían la dignidad ética como para contener
tanto caudal como el río Tíber, la proyección
de la Sombra recayó sobre los primeros cristianos,
y sobre los luchadores y gladiadores que debían
dar el espectáculo de su sangre, sacrificados
como víctimas expiatorias en el circo romano.
Así fue el Santo Oficio, la Inquisición,
donde los fanáticos dominadores proyectaban su
propia Sombra Demoníaca enviando a la hoguera
a pobres inocentes que, por supuesto, para los inquisidores
siempre poseían señales inequívocas
de la posesión del Demonio, fundados sobre todo
en el Canon indiscutible, el Exenhammer o Martillo
de la Brujas. Así fue la Peste Rubia del
Nacional-Socialismo en nuestro siglo, cuando los alemanes,
al no asumir su propia Sombra arquetipal, la proyectaron
sobre los judíos y otros grupos étnicos
en nombre de la raza superior aria (Hybris),
y emergió la mayor criminalidad organizada,
racionalista y eficientemente precisa que la historia
tenga memoria.
La historia del mal es la historia del hombre en el
mundo. El Mal aparece después de la creación
del Cosmos y del hombre y es introducido por su libertad:
Y dijo Yahvé Dios: Ha aquí que el
hombre ha venido a ser como uno de nosotros, en cuanto
a conocer el bien y el mal! (5)
La Demonología también es una Antropología:
desde el origen de los tiempos han surgido las divinidades
oscuras y maléficas, como proyecciones en el
plano mítico, de la condición humana en
lo que ella posee de negativo y sombrío. Es,
por desgracia, innegable que, considerado en forma total,
el hombre es menos bueno de lo que se figura o desea
ser. A todo individuo síguele una sombra, y cuanto
menos se halle esta materializada en su vida consciente,
más oscura y densa será (6).
La pregunta sobre la existencia o no del Demonio surge
al desfigurarse el símbolo del demonio proyectado
por el hombre, y se ha degradado en una mera creencia
de realidad ontológica e histórica. La
indivisible unidad de la persona humana, síntesis
del bien y del mal, de luz y tinieblas, se disocia en
una dualidad substancial y las luchas interiores de
la Psique, en su proyección mitológica
como sueño colectivo de los pueblos
se convierte en luchas entre el cielo y la tierra,
entre el sol y la luna, en guerras de los mundos y de
potencias cósmicas. El espíritu del Mal
emerge y se va delineando a lo largo del tiempo como
una sombra, al principio incierta e indefinible, a la
que las diferentes culturas y civilizaciones van imprimiendo
sus respectivas características y rasgos distintivos:
de esta manera, esta Sombra Primordial se va metamorfoseando
y revistiendo de turbidez y amenazas, de imágenes
tenebrosas y de tinieblas apocalípticas.
(1) Jung, Carl. Recuerdos, Sueños,
Pensamientos. Seix Barral, Barcelona, 1974, p.419.
(2) Neumann, Erch. Psicología Profunda y Nueva
Ética. Fabril, Bs. As.,1960, p.27
(3) Jung. Carl. Psicología y Religión.
Paidós, Bs. As. 1972, p. 128
(4) Gothe, Wolfang, Fausto. Sudamericana, Bs. As. 1970,
p.129
(5) Biblia de Jerusalén, Génesis III,
22. Desclée de Brouwer, Bilbao. 1975

|
|