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Carl Gustav Jung
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Escritos de Profesores
…de los nuevos paradigmas a la ética de la convivencia
   
Por Lic. Lilia F. de Menegazzo  
   

Desde hace un tiempo la frase nuevos paradigmas ha comenzado a circular difusamente, cada vez con más frecuencia. Creo que esto responde a la necesidad de capturar en una designación ‘multiuso’ algo que todavía no se sabe muy bien de qué se trata, algo difícil de caracterizar, pero que está en el aire a partir de los profundos cambios vividos en este fin de siglo.

Quizá convenga rastrear el concepto de paradigma.

En 1962 la publicación de La estructura de las revoluciones científicas, de Thomas Kuhn, introduce el término paradigma para designar un particular sistema conceptual referido no sólo a lo específicamente científico, sino también a un ámbito mayor de predicados que incluye valores, creencias e ideas acerca del mundo de los hombres. Mientras la epistemología tradicional veía a la ciencia como una empresa lineal y acumulativa en marcha hacia un progreso indefinido, Kuhn ofrece una visión ondulante y periódica donde lo definitorio resulta ser el consenso que una teoría obtiene en una comunidad de científicos. La comunidad de científicos comparte determinados paradigmas.

La causalidad lineal del modelo newtoniano encuentra su mejor reflejo en la metáfora del crecimiento y se identifica con la tendencia hacia el máximo de producción y consumo. El sistema newtoniano sufre su mayor declinación en el corazón de la física, primero con la teoría de la relatividad y más tarde con la teoría cuántica. De la imagen de un mundo mecánico sólido, estable y regular, se pasa a la visión de un mundo relativo, paradojal, indeterminista. Si el paradigma newtoniano fue de simplicidad, orden y previsibilidad, desde mediados del siglo XX los problemas son, por el contrario, de complejidad, caos y probabilidad.

Sin embargo, las nuevas metáforas producidas por la ciencia de fines de Siglo XX, no han hecho perder total vigencia al sistema de valores que sustenta el paradigma newtoniano; de allí que algunos hablen en este comienzo de siglo de un estadio ‘pre paradigmático’.

En algo coinciden muchos estudiosos del tema, los nuevos paradigmas son resonancia de ciertas palabras: probabilidad contra certeza, relatividad, incertidumbre, auto-organización, estructura, holos (totalidades), historicidad. Desde el punto de vista de la educación, nos interesa destacar el concepto de procesos de cambio no lineales y algo que se autoafirma cada vez más en esta integración armónica: la coexistencia de la diversidad y la ética de la convivencia.

Desde los nuevos paradigmas a los temas de educación

El estadio preparadigmático descripto deja lentamente la causalidad lineal, alternándola con la concepción de un mundo complejo y probabilística donde se enfatiza la diversidad. Esto remarca en educación algunas líneas y temas:

a) Un énfasis en el aprender a aprender y la apertura de un abanico de posibilidades tanto para el acceso a la información como para la consideración de nuevas ideas.
b) La valoración de una tarea docente que desde temprana edad equilibra la insistencia en el conocimiento externo con la asistencia al mundo interno del mismo.
c) La búsqueda de estrategias pedagógicas flexibles (no existe un solo camino para la enseñanza de un tema) y eficaces que favorezcan la integración del saber.
d) La utilización de actividades y técnicas que comprometan tanto el pensamiento racional junto con el fortalecimiento de la llamada ‘inteligencia emocional’.
e) El desarrollo de proyectos educativos que desde el nivel inicial fomenten la participación de la comunidad y promuevan la creatividad en un sentido amplio y pleno.

He dejado deliberadamente para el final la mención de la creatividad. Sin duda la creatividad debe teñir toda la tarea de enseñanza y formación, pero ella debe ser entendida en los tres estadios que señalan los estudiosos del tema:

  • El pensar creativo
  • La resolución creativa de problemas
  • El vivir creativo.

La ética de la convivencia

La ética de la convivencia se relaciona estrechamente con la vincularidad, pero va más allá. Trae al centro del escenario del nuevo siglo el tema de ciertos valores, tales como: solidaridad, responsabilidad y cooperación.

Por esto se impulsan cada vez más en los ámbitos escolares contenidos y actividades de educación para la paz, talleres de convivencia, seminarios y foros sobre pedagogía de la ternura. Todos ellos promueven la práctica en virtudes y nociones tales como respeto, comprensión, tolerancia, paciencia, diálogo fértil…

Las nociones citadas, y otras cercanas a ellas por los valores que sustentan, deberían estar presentes en todo proyecto del cualquier nivel del Sistema Educativo.

A la masificación y el individualismo que han caracterizado la primera generación tecnológica de la información, le sucede hoy una segunda generación en la que se empieza a vislumbrar la vuelta a interacciones en red, a la valoración de las relaciones de vecindad y el surgimiento de interesantes y variadas formas de contención social.

Así pues, la solidaridad y un nuevo espíritu comunitario, aparece como un principio orgánico vertebrador de vida, y como opción frente a las exclusiones sociales.

Educación y socialización están íntimamente ligadas durante toda la vida. La educación siempre ha sido, y sigue siendo, una tarea inminentemente social.

Creemos, al igual que Roberto Carneiro, que ‘El desarrollo pleno de la personalidad de cada cual se nutre del fortalecimiento de la autonomía personal como de la construcción de una alteridad solidaria o, dicho de otra manera, del proceso de descubrimiento del otro como actitud moral…La tarea es inmensa, pero ineludible, pues de ella depende la construcción del orden social del Siglo XXI’.

 
   
   
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