En un cuento corto
titulado "El Manuscrito de Dios", el escritor
argentino Borges cuenta la historia de un mago Azteca,
Tzinacan, quien fue capturado y torturado hasta lograr
una confesión de su parte, presionado por el
español Pedro de Alvarado, quien finalmente
lo confisco en una oscura mazmorra subterránea.
Esta prisión está dividida en dos secciones,
en una vive Tzinacan, la otra la ocupa un jaguar,
un animal sagrado para los nativos de las Américas.
Ambas secciones están separadas por unas paredes
de piedra que llegan hasta el techo de la bóveda,
en las paredes hay una ventana protegida por barrotes
a través de los cuales Tzinacan puede ver al
jaguar cuando la luz penetra en el lugar. Solo por
un momento, al mediodía, la brillante luz del
sol entra en la celda desde arriba mientras el carcelero
baja la ración diaria de comida y agua. Durante
este breve espacio de tiempo Tzinacan puede observar
manchado jaguar; y durante años se disciplinó
a si mismo a observar al animal y a descifrar los
códigos de sus movimientos. Tzinacan cree que
el código secreto de las palabras del Dios
Supremo, están inscriptas en los movimientos
del jaguar. Quienquiera que aprenda y descifre este
código será tan poderoso como el mismo
Dios.
Si él, Tzinacan, llega a comprender el código
impreso en el jaguar, podrá entender a Dios,
y con este conocimiento podrá liberarse a si
mismo, vengarse de Pedro de Alvarado, y reestablecer
su religión tradicional y la grandeza de su
tribu. Tzinacan esta dedicado a esta sagrada misión.
Durante muchos años Tzinacan estudio al manchado
jaguar. Él y el carcelero envejecieron juntos.
El perdió su postura y su salud y eventualmente
se debilitó tanto que ni podía levantarse
del piso de piedra. Entonces, un día tuvo un
sueño. En el sueño vio un simple grano
de arena en su celda. Lo noto, y (aun dentro del sueño)
se fue a dorrnir. Nuevamente sueña, y ahora
hay dos granos de arena en su celda. Una tercera vez
se va a dormir y sueña otra vez con otro grano
mas de arena, y otra vez, y otra vez hasta que los
granos de arena llenan su celda hasta el tope y el
es sofocado y muere bajo su peso. Se da cuenta de
que debe tratar de despertarse pero mientras despierta
de un sueño descubre que debe despertarse de
otro y de otro, una y otra vez. Para despertarse completamente
él debe revertir toda la inmensa secuencia
de sueños. La tarea parece desesperante. Él
nunca podrá despertarse de todos los sueños.
Repentinamente, sin embargo, muy por encima de él,
la luz del sol fluye en la celda. Tzinacan despierta
de su inmenso sueño. Enormemente aliviado,
al liberarse de su pesadilla, bendice a su carcelero.
Bendice aun esta horrorosa celda que lo cobija, a
su viejo y dolorido cuerpo, por su resistencia y nervio.
En el mismo momento es iluminado. Ve a Dios y vislumbra
la fatalidad final. Lo que el ve es la imagen de una
Rueda Suprema hecha de fuego y agua que ocupa todo
el Cosmos y une todo lo que existe. Tzinacan comprende
repentinamente cuan pequeño es el en el Gran
Significado, él no es mas que un pequeño
filamento en la gran fábrica de la vida y del
universo. Su gran enemigo Pedro de Alvarado, por
otra parte, es también, un filamento en la
misma fabrica. A medida que él estudia esta
Rueda cósmica más profundamente comienza
a comprender su total implicancia. Se da cuenta de
que ahora puede leer el plan escrito sobre la piel
del jaguar. También el código se hace
inteligible para él. Es una fórmula
de catorce palabras, elegidas al azar. Si son pronunciadas
en voz alta le darán todo el poder que necesita
para conseguir todo lo que ha deseado durante este
largo exilio en la miseria. Al fin él tiene
en sus manos el poder de abolir su cautiverio, renovar
su cuerpo, destruir a su enemigo, reestablecer a su
gente y su religión y regir como una vez lo
hizo Montezuma, sobre todo Méjico.
Cuarenta sílabas, catorce palabras, y yo, Tzinacan,
gobernaría...
Pero se que nunca diré esas palabras porque
no me acuerdo mas de Tzinacan... Quienquiera que haya
contemplado los igneos propósitos del universo
no puede pensar en los términos de un hombre,
en las triviales venturas y desventuras que vive,
aunque él sea ese hombre. Ese hombre ha sido
él y ahora nada de eso le importa.
Al igual que Job también cayó en el
silencio cuando vió la reverente majestad de
Dios, Tzinacan sella sus labios y acepta su pequeño
lugar en la Rueda Suprema de la realidad final. Él
no pronuncia las “Palabras de Dios” porque
su ego ha sentido en forma directa al Maestro del
Ser (el Self) del cual él es sólo una
pequeña partícula.
¿Es el psicoanálisis no sólo
una búsqueda hacia la percepción codificada
en el jaguar, al que nombramos el inconsciente, o
también la respuesta al acertijo de nuestra
existencia?. Descubrir al Maestro del Ser que contiene
a nuestro Ego en una urdimbre mucho mayor. La búsqueda
de un modelo psíquico, y el intento de descifrar
su código han sido sumamente importantes para
el psicoanálisis desde que Freud publicó
“La interpretación de los Sueños"
hace cien años. A pesar de su determinación
de mantener al psicoanálisis “en alto
y libre” de las lóbregas regiones del
“ocultismo” de la sabiduría esotérica,
gnosis, magia y experiencia mística, Freud
abrió accidentalmente la puerta del mundo del
espíritu cuando suspendió el pensamiento
dirigido, en favor de la asociación libre u
las imágenes de los sueños. La “corriente
de ocultismo” contra la cual advirtió
a Jung (ver “Reflexiones sobre memorias de Sueños”)
no pudo dejarse totalmente de lado.
Desde los comienzos del movimiento psicoanalítico,
artistas, poetas, teólogos, filósofos
y otros tomaron parte en su práctica y teorizaron.
El psicoanalista estudia al jaguar que ocupa la otra
celda de la mente, el inconsciente. Si tan sólo
yo pudiera obtener el control del inconsciente, piensa,
tendré grandes poderes para transformar mi
vida y el mundo a mi alrededor. Uno espera que la
búsqueda de dicho poder, acabe con el darse
cuenta de la relatividad del ego, dentro del enorme
universo psíquico.
* Murray Stein, Ph.D. es Presidente
de la Asociación para Psicología Analítica.
Editor de Análisis Junguiano. Es Docente de
análisis en el C. O. Jung Institute of Chicago.
Es autor de varios libros y escritos.
